20 enero, 2017

Fantasmas

El único fantasma al que temo es el de la nostalgia. Ese fantasma que te persigue y te arrastra al pasado. Se roba tu energía y se alimenta de tu tiempo. Rodea sus brazos, terminados en garras y se abraza a ti, te susurra al oído frases de memorias, te vuelve loco, pero no lo suficiente para hacerte notarlo. 


Si no te das cuenta que está junto a ti incluso puedes dejarlo entrar a tu organismo, puede estrujar tu vientre, cortarte el flujo en la garganta y hacerte nudos, puede abrirse paso hasta tus ojos, contaminarlos para que tu percepción de los colores sea distorsionada, grisácea y lúgubre. Puede revolver tus océanos hasta hacerlos brotar cual cascadas embravecidas. 


Cuidado con esos fantasmas, porque no aparecen detrás de ti en un espejo, ni eligen una hora específica para aparecer. Estos fantasmas se aferran a ti como parásitos y te consumen hasta que queda de ti poco, hasta que olvidas porqué existes y ellos han ganado.


12 diciembre, 2016

Suerte minina

 El diablo se ha disfrazado de gato negro. Ha decidido caminar entre los hombres en un traje sigiloso, sofisticado y escurridizo. 


  El gato, con toda su negrura, lleno de pelitos de maldad camina por las banquetas de la ciudad. Sortea obstáculos, escobas, neumáticos. Ve a una niña jugando a la pelota, trepa a un árbol para mirar la escena. La niña está intentando aprender a botarla, su coordinación aún no se lo permite, poco movimiento en la manzana. El gatito baja de su mirador y se dirige a un extremo del parque, a la vista de la niña. Ésta, fascinada por la presencia del felino camina hacia él e intenta tocarlo. El gatito se sienta esperando que la niña se acerque a la banqueta, a un lado de la calle.  

  La niña no advierte que en la acera de enfrente hay una camioneta con insignias de la veterinaria "Huellas", cuyo teléfono anunciado corresponde a una viejecita que está harta de recibir llamadas para preguntarle sobre vacunas y consultas a altas horas de la madrugada. La camioneta se enciende al percatarse de la distracción de la niña. 



  El padre está sentado en una banca de fierro verde, con un café ya helado en vaso desechable en su costado, en el otro el protector solar para la niña. El hombre de treinta y tantos está leyendo un mensaje de Luisa, una amiga muy simpática de la oficina que de vez en cuando le manda fotos de su anatomía al desnudo, el mundo se silencia cuando ella se encuentra en línea. Sonríe para sí, fantaseando con la joven. 

  La niñita se sienta en cuclillas para acercarse con cautela al minino, éste permanece inmóvil. La puerta del copiloto de la camioneta se abre, en un segundo baja Ramiro, de veintisiete años, tres veces preso por robo a mano armada. Ramiro toma a la niña de la boca con sus manos de olor metálico y carga los dieciocho kilogramos y los lleva de prisa a la parte trasera de la camioneta. 



  El padre escucha un auto rechinar y voltea por instinto. No está su hija, no alcanzó a reaccionar y la camioneta giró a la derecha, sin placas, sin modelo. El padre se para desesperado, voltea a todas partes intentando buscar a alguien a quien pedirle ayuda. Junto a la pelota de su hija, está sentado un gato negro que lo mira fijamente, sus ojos hipnotizantes lo atraviesan y le generan un escalofrío que le recorre todo el cuerpo hasta llegar a la nuca. El gato por un instante parece sonreír, da media vuelta y se aleja con un paso cachazudo.

14 noviembre, 2016

Besos

Los besos sabor a polvo se distinguen más que otros, besos que desentierran la necesidad de existir, de ser recordados, de ser sentidos. 

Besos sabor a polvo, guardan tiempo, guardan palabras, guardan todo. Besos sabor a polvo que no saben a nada, pues al fin y al cabo, son sólo polvo.

01 noviembre, 2016

Conspiración

Año 2238  

Stephan toma el Gasoducto número 45A con destino a la corteza externa. Son treinta minutos de camino así que intenta llegar a la cubierta del bar para comprar unas tabletas. El pasillo está lleno de obreros y maquinistas que salieron temprano por ser navidad. Stephan lo había olvidado por completo. Su Yoket, un dispositivo similar al armazón de un lente que tiene toda clase de aplicaciones, es capaz de medir temperaturas, niveles de toxicidad en el ambiente, oxigeno, signos vitales, acceso a la gran memoria, conexión intercraneal con otros usuarios, y además guarda absolutamente toda la experiencia de vida, para ser utilizado como evidencia en los tribunales en caso de cometer algún delito. El dispositivo emite un sonido y se proyecta la imagen de una estrella girando, es el símbolo de mensaje nuevo. Es el banco, siempre envían mensajes en los gasoductos con la esperanza de tomar desprevenidos a los usuarios, una vez abiertos no puedes ignorarlos, pero si no los abres, por ley no pueden intimidarte, no a través del Yoket por lo menos. 

   Stephan rodea toda la cubierta para llegar al bar por la parte de atrás. Hay una puerta de metal muy grande color gris oscuro. Stephan toca tres veces y luego dos más. La puerta responde con un toque y luego se abre. Una mujer con el cabello completamente blanco, de piel oscura con tatuajes color blanco brillante en la cara y los brazos. Lo mira y le sonríe. 

–¿Otra vez tú? Creí que no volvería a verte. Pasa. 

   Stephan la siguió por un pasillo lleno de cajas y tubos de acero. Todos contenían toda clase de bebidas de colores y texturas distintos. Algunos brillaban, otros tenían burbujas de colores, otros parecían agua con colorante metálico. Giraron a la derecha y luego a la izquierda, la música del bar se escuchaba cada vez más fuerte. La chica pasó su muñeca por un lector, éste se puso en verde y la puerta se abrió. Estaban en un refrigerador de varios metros cuadrados, los estantes guardaban paquetes y maletines negros. La chica tomó uno pequeño de la parte superior. 

–Tengo algo nuevo, no ha sido liberado aún, se va a probar en las fiestas de año nuevo ¿Quieres un poco? 

–Venga, si puedo pagarlo con lo que traigo en la cuenta dámelo. 

   La chica pasa un lector por la muñeca de Stephan, y lo lee. 

–Tu cuenta está bloqueada ¿Olvidaste pagar tu renta, querido? 

   De pronto el lector se pinta de rojo, comienza a sonar una alarma que deja a la chica aturdida. Por la puerta entran una decena de hombres con armaduras, todos apuntan a la chica. 

–¡Bastardo! ¡Malparido!– La chica intentó golpearlo, pero éste la sostuvo con una facilidad impresionante. Tenía debajo de la ropa un esqueleto que triplicaba su fuerza física, duplica su velocidad y gracias su Yoket podía visualizar los patrones de movimiento. 

–Ahórratelo, querida que vas a tener suficiente tiempo hasta para inventarte palabras nuevas. Quedas arrestada Yara, por contrabando de producto propiedad de CM, mi cliente demanda diez mil unidades por el material robado y cinco mil más por intento de sabotaje del producto. Serás transportada a la cubierta de seguridad y en cuanto lleguemos a la corteza exterior serás puesta a disposición de las autoridades. 

   Stephan saca de su pantalón un lector y lo pone sobre la muñeca de Yara. 

–¿Ciento siete mil unidades? Yara, te ha ido muy bien administrando el bar. ¿Quizá debamos investigar si has robado otros productos?– Dijo Stephan. 

–¡Púdrete, imbécil! A-2-7-2-2-0-1 –deletreó– Q-5-0 –Cuando dijo el último número sus ojos se volvieron blancos, una pupila se giró hacia arriba y otra a un lado. 

– ¡No, no, no! Roman ven acá, deprisa, escanéala. Registra su memoria antes de que se desconecte. Quiero saber con quién estaba conectada, dónde estuvo. 

  Uno de los hombres se aproximó y le arrancó el Yoket de un jalón, un chorro de sangre brincó al pantalón de Stephan. Éste se hizo para atrás y comenzó a golpear la tela, intentando sacar la mancha. 

–Señor, este Yoket está hackeado. –Dijo el soldado mientras lo analizaba con unos visores especiales– Si hay información útil ahí, me va a tomar bastante recuperarla. No está conectada, tiene quemado el disco interno y la antena, y parece que, efectivamente, la mujer estaba fuera de línea. 

–¿Cómo demonios hicieron algo así? – Dijo Stephan, sorprendido. 

–Fue removida y vuelta a insertar. Señor, no sabía que en las áreas civiles pudieran hacer algo así. –El soldado estaba verdaderamente intrigado por el descubrimiento. 

–Akira, reporta el suceso a la cubierta, pero llévate el Yoket, márcala como evidencia. Quiero echarle un vistazo. –Uno de los soldados se acerca y coloca en una bolsa el Yoket. Agente a cargo de la detención: Stephan. Licencia no. 384103 ext. CM. Término del suceso: Suicidio. Evidencia: maletín negro, peso exacto dos kilos trescientos siete gramos, Yoket extraído de la sospechosa de tráfico ilegal de sustancias y posible terrorismo para análisis, peso exacto ciento cuatro gramos.– Stephan pasa junto al cuerpo sin vida de Yara y sale del refrigerador. 

  Unas luces azules aparecen en todas las paredes, la música del bar se detiene y una voz anuncia la llegada a la corteza exterior. Stephan sale del bar, hay algunos muchachos terminando sus bebidas, uno de ellos le cierra el ojo a Stephan, este mira hacia otro lado y sigue caminando. La ropa de encubierto lo hacía pasar por un trabajador del ámbito artístico. Le habían quitado la barba lo que lo hacía ver de unos veintiséis, cuando estaba por cumplir treinta y dos. Traía una camisa abierta hasta el pecho, mostrando su adicción al ejercicio. Los pantalones entallados y con textura plástica, manchados de sangre, se los había encargado el chico de vestuario, pues quería conservarlos para él, eran costosos y ahora debía darlos por perdidos.  

  Stephan camina por los pasillos hasta una de las puertas que dan al sur de la corteza. La mayoría de los trabajadores ya había salido. Algunos se dirigen a la estación de tren, otros son recogidos por algún ser querido, ya que para muchos subir a la corteza es todo un acontecimiento, no es barato y se necesitan muchos papeles para poder ingresar. En los cristales sobre la puerta se muestra el mensaje Bienvenido, seguido del nombre de la persona que está por cruzar el arco. Ese era el registro de entrada a la corteza, si alguien había subido a los Gaseoductos sin la documentación, era imposible que pasaran por los arcos sin ser detectados. 

Bienvenido Stephan, ¡feliz navidad!

  La estrella en su Yoket vuelve a aparecer, esta vez Stephan la abre. Se han depositado tres mil unidades a su cuenta, CM te agradece su valioso tiempo y te desea unas felices fiestas.

Estaba justo debajo de los arcos cuando alcanza a leer en la pantalla: 

Bienvenida Yara, ¡felices fiestas!