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Si hoy dejo este cuerpo (Georgina Macías)

Si hoy dejo este cuerpo… Me gustaría saber que dejé en ti un poco de mí, Me iré feliz sabiendo que mi sonrisa logró sanarte una herida. Si hoy me voy partiré en paz, si con una palabra logré hacer menos tu dolor. Si hoy dejo este cuerpo, cansado, podré decir, que una parte de mí,  seguirá viviendo en tu corazón ya que en cada una de mis palabras,  gestos y mi voz te di todo el amor que soy. Cuando llegué a éste hermoso mundo, Divina Tierra de sueños,  mi propósito fue AMAR, sé que en el camino algunas veces no supe como expresarlo  otras me equivoqué y confundí sentimientos con emociones, tal vez con ello te lastimé,  otras muchas mi egoísmo no me permitió darme cuenta de todo lo que recibí y aprendí de ti. ¿Vine a aprender a a ser humano?  o ¿a recordar quien soy? No lo sé. . . Si cuando me recuerdes, si hoy dejo este mundo,  logré dejar una parte de mí en tu corazón, Entonces donde quiera que esté... una luz brillará en mí ser ya que eso s

Carta de Horacio

Sábado 9 de Septiembre Hoy maté a un hombre. Soy un asesino a sangre fría. Durante semanas fui el responsable de hacerle la vida imposible. Lo llevé a tal desesperación que no pudo hacer otra cosa que morir. No encuentro palabras para decir cuánto lo siento, supongo que me he vuelto loco. He perdido muchas cosas, he desesperado y definitivamente perdí la cordura.  El hombre que maté hoy se llama Ignacio Sánchez Martínez. Era un hombre exitoso, un doctor jubilado. Tiene dos hijas y un nieto. Su dirección está apuntada en mi agenda, en la última página, ahí están sus datos, agradecería que se les informara del fallecimiento de su padre. Muy lamentable. No pudieron reconocer sus restos, lo escuché en el radio, pero estoy seguro que es él.  Me queda sólo explicar mis motivos. La verdad es que la vida de Ignacio fué fascinante, un excelente hombre, ha sido un verdadero placer escribirlo, sus palabras siempre fueron excelsas, me regaló giros dramáticos, me llevó a conocer personajes tan inte

Cafeína

 En un mundo en el que las cosas suceden de prisa, en el que la vida y la muerte se transmiten en vivo, sin cortes ni pausas. A veces hay quien mira, a veces no. En este mundo de locos te he encontrado. Te he perdido y te he vuelto a encontrar. Los significados son poco relevantes, las decisiones, las palabras parece que tampoco nos llevan a nada cuando no hay nada más que decir.  En medio de un huracán, de emociones, de sentimientos, de llagas abiertas, revelando el dolor en carne viva, ahí estuviste tu. Sabias palabras que resignifican la experiencia, que reconstruyen la realidad y ponen las cosas en su lugar. Molinos de viento dicen ser gigantes, rugen y gritan con el viento, hacen sombras que se mueven hasta llegar a nuestros pies, pero gigantes no son ni pueden alcanzarnos.  En el silencio me encontraste y te encontré. No tuvimos que decir mucho para decirnos todo. Lo sabíamos, siempre lo supimos. Y esque somos del mismo mundo él y yo, vemos todo desde los mismos ojos, nosotros si

Carta a un amor

Mi amor, hoy no recuerdo quién eres. Te veo a mi lado y no te reconozco. ¿Ha pasado tanto tiempo? ¿desde cuándo la cama se ha vuelto un mundo de desconocidos? Te sujetas el cabello de una forma distinta, lees un nuevo libro, ¿esos lentes son nuevos? Todo en ti es nuevo, o lo viejo aquí soy yo.  Hemos pasado tantas cosas juntos, todos los días nos vemos, vamos al cine, cenamos de vez en cuando. Me pregunto en qué momento comenzamos a guardar silencio, a andar por las calles viendo el pavimento, y no riendo de nuestras babosadas. Extraño eso, extraño sentirme un niño junto a ti. Tu voz inundando todo silencio, callándolo sin dejarle opción. Trivialidades, chistes, reflexiones de un mundo mejor. ¿A quién se lo dices ahora?  Estas muy callada, será que algo guardas, será que los años se acabaron tus palabras, o será que fui yo quien te cansó. He notado que ya no me abres la puerta al subirme al auto, antes solías decir que te gustaba tener esa clase de atenciones conmigo, decías que

El duende que vive en mi pecho

Tengo un duende encerrado en mi pecho. Golpea y patalea de vez en cuando, queriendo salir. Debe estar cerca de mi corazón, porque a veces los confundo.  Creo que está enojado, porque cuando hay silencio, se hace presente, golpea una y otra vez, queriendo derribarme. No lo consigue, aún.  Le he pedido ya que deje de molestar, le hablo bonito, le cuento historias, le pido que me diga qué le pasa, incluso le he cantado, pero es demasiado testarudo, no me dice nada, pero eso si, no deja de patalear.  Un día de estos temo despertar con un agujero, y que no esté más.

Más

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Los zapatos cayeron justo después de que Amanda se tirara de golpe a su cama. Se quedó un minuto boca abajo, apenas respirando. Su mente se mantenía en blanco, con una especie de inexistencia, se olvidó de sí. De pronto la alarma de su celular comenzó a sonar.  Amanda renació dolorosamente, sintió la vida volver a su pecho y corrió hacia su bolsa, sacó el celular y lo apagó sin voltear a ver la cita, que anunciaba el cumpleaños de Esteban, claro que ella lo recordaba, claro que en el instante en el que el celular vibró entre los múltiples objetos de su bolsa, ella lo sabía.  Amanda nunca fue del tipo de mujeres que toman, mucho menos sola, y justo en eso pensó cuando abrió la botella de tequila que tenía en su armario, le dio un trago grande, el fluido caliente cruzó su garganta y llegó hasta su estómago, que apenas había procesado el par de galletas que la obligó la tía Mary, eso y dos tragos de café frío.  Esteban fue amante del café, siempre que viajaban se aseguraba de p

La Noche de Soni

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La noche de Soni Soni teme a la oscuridad. No como un niño que teme a los monstruos o a los fantasmas. Soni no es tonto y sabe que esas cosas no existen. Pero la oscuridad es cosa distinta, ¡por Dios que lo es! Todas las noches Julieta lo lleva de brazos y lo sienta en su cama, hablan con Dios un rato, y lo cubre con las cobijas más suaves y abrazadoras del mundo. Julieta tiene antojo de Soni y se acerca a devorarlo a besos.   Anuncia su retirada y advierte el momento de terror, ¡Fuera luces! y se cierra la puerta. Los ojos de Soni se cierran como de costumbre, intentando evitar pensamientos peligrosos y ¡Pum! llega el primero, sin aviso alguno. Se escucha algo afuera, ¿un ratero puede ser? ¿estará cerca? ¿Qué fue eso? Seguramente los ratones han vuelto para vengarse por la derrota en encuentros pasados, pero eso no es posible, ellos sólo vienen cuando Soni fabrica nuevos dientes. Por más que intenta mantenerlos a salvo bajo su almohada, los ratones siempre consiguen